Llorar :)

Llorar sin sentir un nudo en la garganta o en el estomago, llorar simplemente porque lo siento, llorar y no sentir que me estoy ahogando o desahogando, llorar por llorar. Supongo que si, que siempre hay una primera vez para todo. No entiendo muy bien pero tampoco me mata entender, solo se siente bien llorar, sentir las lágrimas escurrir por mis mejillas, llegar a mi boca y que no sea amargas ni saladas, al contrario, son dulces ¡dulces! Seguro que no lo son pero así las saboreo, así las siento porque son lágrimas de felicidad, de estupefacción frente a mi misma y a lo que puedo sentir, a lo que me estoy soltando ¡me estoy soltando! Sé que todo esto puede parecer una incoherencia, un sin sentido, pero no lo es, tiene todo el sentido del mundo, al menos para mi. Llorar de alegría, llorar porque puedo, llorar porque siento, llorar porque libero, llorar por mis miedos, llorar porque esos miedos no me aprisionan, llorar por mi y para mi, llorar porque el aprendizaje que es conocerme, explorarme, enfrentarme, quererme, llorar porque soy mi reto más grande, llorar porque eso deja de asustarme, llorar por aceptarme, llorar por todo y llorar por nada… llorar por llorar…

Esta es una de las pocas veces que escribo simplemente porque me nace y no como un ejercicio de catarsis, escribo por el placer de hacerlo, por poner en letras y palabras una emoción y una sensación que quiero grabar en mi cuerpo y más aún en mi alma.

¡Gracias Universo! y ¡Gracias a ti que me das la posibilidad y el espacio de ser!

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Bogotá

Volver. Volver y sentirte extraña, ajena, fría, sola. Volver y sentir que me asustas, sentir un nudo en la garganta, mareo, dolor de cabeza, náuseas. Estás fría, lluviosa, ahora entiendo porque eres “la nevera”. Me calmo, respiro y siento tu olor; ese olor a frio que siempre me ha gustado. Siento el viento en la cara y lo llevo lento a mis pulmones, miro a mi al rededor y siento a la gente, a esos que llegamos de muy lejos a cumplir nuestros sueños. Algunos volvemos a casa, otros hasta ahora empiezan la travesía de conocerte. Empiezo a entender la ráfaga de emociones que acabo de experimentar, llegar, volver, sentirte y sentirme aquí, contigo, hace que el peso de la realidad me agobie por unos momentos… el nudo de la garganta parece no querer irse, me obliga a soltarlo, a desenlazarlo; poco a poco lo voy humedeciendo, la sal empieza a corroer las fibras, se va deshaciendo y va cayendo lentamente a mi estomago. No es el mismo nudo, está más suelto, pero aún me impide respirar del todo bien, me impide profundizar en el frio del aire, sentirlo penetrar mis poros y refrescar mi piel. Vuelvo a humedecerlo y esta vez los pequeños arroyos salados que recorren mis mejillas son suficientes para desatar el nudo. Miro tus montañas y te reconozco, repito mi mantra, miro a la gente y te reconozco, repito mi mantra, camino tus calles y te reconozco, repito mi mantra, te siento en los huesos y me reconozco, repito una última vez mi mantra. Volví. Te extrañé. Aquí vamos de nuevo.

Me olvidé de algo.

Nunca pensé que esto era algo que me iba a hacer sentir tan extraña, siempre imaginé este momento como uno de liberación, de quitarme peso de encima. Pero hoy me siento vacía, tal vez porque no me lo esperaba, porque en mi versión de los hechos: este era el mejor momento, este era el mas estable, el de mayor proyección hacia el futuro, pero ahora todo cambio, y no porque yo lo haya decidido.

Tal vez eso es lo que me tiene con mayor incertidumbre, aún cuando yo sabía que esto iba a pasar, preferí no ser yo la que tomaba la decisión.

Nunca pensé que me iba a hacer falta, algo que yo misma me obligue a extrañar.

Nunca pensé que yo solo iba a permitir ser la parte desechable de alguien más.

Nunca pensé, y ese fue el problema. 

 

NUNCA PENSÉ, me dediqué solo a sentir, me dediqué solo a amar, y eso está bien, pero en ese esfuerzo de amar duro, me deje de amar a mi misma, permitiéndome el lujo de amar a alguien más que a mi.

Mi lección: amar mucho, pero no tanto que se me olvide amarme a primero.

A mi yo de 40 años

Actualización 13 de diciembre de 2017!

Estoy escribiendo mientras estoy enojada con Alejo. ¿Por qué? No sé! pero estoy enojada y me dan ganas de escribir esto, porque cada día trato de dejar de ser tan cascarrabias, pero no es fácil, y es algo que espero que mi yo de 40 años haya aprendido a controlar.

Desde siempre he sido, y seguro lo serás, una enojona, caprichosa, que solo busca llamar la atención. Espero que hayas aprendido que ser así solo te hace perder buenos momentos, espero que ya seas una persona madura y menos ansiosa, aunque creo que será al contrario, serás y más impaciente.

Hoy pienso que no quiero vivir mas de 40 años, por eso te escribo a ti, porque a esa edad ya seré una persona que solo quiere dinero y esas cosas que me asquean de la gente grande y de algunos jóvenes.

Seguro ya creerás en el Papa y querrás…

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Mágica

Ha pasado ya un tiempo y al escribirte, las palabras ya no salen húmedas. Hay, eso si, un vacío en mi pecho, en mi estomago, un pequeño nudo en la garganta que hace que escribirte sea una tarea pausada, lenta, reflexiva… Te extraño, pero eso es más que obvio, todos te extrañamos. Todas extrañamos tus besitos en los hombros, tu voz consentida y tierna, tu rabonería escondida en caras chistosas y divertidas, en tus carcajadas…

Supongo que es obvio que te piense todo el tiempo, supongo que todos lo hacemos, así no seamos capaces de expresarlo con la misma magnitud con que tu te cuelas entre nuestra cotidianidad, cuando caminamos por la calle y vemos un lindo Buganvil, cuando son las 5:25, cuando nos cruzamos con un muñeco de hello kitty, cuando comemos huevo frito o aguacate… A veces incluso creo que te escucho reir, te siento a mi al rededor, amándome y bailando como lo hiciste siempre. Mentí, ya empiezan a humedecerse de nuevo las palabras. Aún hay mucha tristeza, rabia, nostalgia… Y sin embargo, gracias a la luz que siempre fuiste, intento tranformar esos sentimientos en energía; me mueves, me muevo, nos movemos, me muevo por las dos, me muevo por todo lo que no pudiste hacer, por todo lo que nos faltó vivir, por todo lo que vivo y viviré por ambas…

Fuiste y sigues siendo mágica. Nos dejaste un montón de pistas, de recordatorios a lo largo y ancho de este universo, para que no te olvidemos, para que te sintamos siempre, para nunca sentirnos solos. Tu partida empezó a las 5:25, el mismo número de tu habitación, y finalmente te fuiste a las 5:27, a la estúpida edad de 27. Te fuiste y el cielo se iluminó, ascendiste. Un 2 de marzo llegaste y un 2 de octubre te fuiste. Un 2 fue tu grado, un 2 tus amibas nos reunimos sin pensarlo. Siempre que estoy triste y que le pregunto al viento, esperando que seas tu quien escucha, veo buganviles. Me respondes. O eso quiero creer. Creer que la energía nunca se destruye sino que se transforma, y que por eso, tú, que siempre fuiste energía y amor, no te fuiste del todo, solo te transformaste, tus particulas se dispersan por el aire y alcanzas a abrazarnos a todos, a amarnos a todos, a estar con todos. Como tu misma nos dijiste: “más que amigas somos familia, y eso es para siempre pirobas”.

¿En qué creo? en todo y en nada.

Creo que hay una vida eterna.

Creo que hay un camino.

Creo que hay un destino.

Creo que hay una energía creadora.

Creo en la madre tierra.

Creo en Dios.

Creo en dioses.

Creo mi energía afectando a la de los demás.

Creo en mi.

Creo que lo que yo piense, en tanto lo piense, existe.

Creo en la eternidad.

Creo en la resurrección.

Creo en la trascendencia.

Creo en Brahmá, Visnú y Shiva.

Creo en mi.

Creo en mi.

y Creo en mi.

 

La muerte no puede ser algo triste, me rehuso a creer eso, desde hoy, desde este momento decido celebrar la vida y celebrar la muerte!

Para los colombianos, especialmente la gente del interior de país, la muerte es algo demasiado lúgubre, es algo que implica que las personas que quedamos acá, debemos sentirnos triste, debemos llorar, debemos llenarnos de culpas y de millones de “si hubiera”.  En otros países latinoamericanos la celebración de la muerte tiene diversos matices en la escala de la tristeza, pero llegan a ser momentos festivos y de conmemoración de la vida y alegría por la muerte; y lo digo con asombro, porque en realidad no me gusta que la muerte para nosotros sea algo de lamentarnos, de mirar con tanto dolor algo que finalmente es bonito, y es que sí,  es muy triste, es extremadamente doloroso perder a quien se ama, pero socialmente  hemos hecho de esto algo tan antinatural, como si nadie se fuera a morir.

Para mi, la muerte es un paso a algo mas grande, a entender muchas cosas, es algo que seguro es mágico. Me rehuso a pensar que uno se muere y ya, para mi la muerte, ya sea que uno reencarne y viva muchas muchas vidas, o sea pasar a ser energía mutada en otra forma fuera de un cuerpo humano, es entender el cosmos, la eternidad, la vida, la humanidad, a los seres de otros planetas, es entender, es aprender.

Con todo esto, para mi el suicidio podría llegar a ser válido por pura curiosidad científica, hay días en los que quiero aprender tantas cosas, comprender ideas que yo misma pienso y no logro descrifar, que pienso, “¿y si me mató y aprendo todo de una?” pero creo que no es así, uno esta en esta vida, en esta realidad, en este universo con algún propósito, y con algo que aprender del aquí y del ahora.

Además, cómo puedo ser tan contradictoria de dolerme con la muerte de alguien (no digo que no duela, duele y mucho), cuando está llegando a lo que yo quiero: CONOCIMIENTO, ENTENDIMIENTO, ETERNIDAD, VER EL ESPACIO!